Otra película preciosa 6
He visto la cinta “Precious”, de Lee Daniels, una película con la tara de cualquier sociedad: el silencio respecto al abuso familiar (o trauma). La historia es muy personal, parecida a la “Teta Asustada”, con la diferencia que la película peruana fue dirigida por una blanca que proyectó el sufrir andino, y eso no se lo perdonarán nunca a una Llosa (Daniels, afroamericano, declara: “No rodé para los blancos estadounidenses, ni para el resto del mundo“). El personaje central es interpretado por Gabourey Sidibe, una actriz negra de dimensiones “Ciro Alegría” (Ancha y ajena); a pesar de sus gestos congelados es nominada para ser la mejor actriz del Óscar 2010 -siendo una principiante, como Magaly Solier, benditas para el arte perfecto del disfraz-. Si el director escogió esa historia privada, no fue para congraciarse con el afroamericanismo del Brooklyn, porque la población negra es uno de cada nueve de los estadounidenses, sumando aproximadamente 38,5 millones de personas, yeah…sirve para los tickets devuelta al presupuesto de su producción, y muy bien pueden venderlas en los techos de Chincha por lo universal –a los gatos voladores-, más algo de turismo sería conveniente porque Arellano, el marketero, lo dice, y ustedes saben el arte sirve como agua bendita para rechazar lo que no se puede alcanzar, también. Grande esta película, “Precious”; buenos giros (plots), toques de humor que contrarrestan la tensión, y siento que a los fascistas, neonazis, anarquistas, de mi pueblo les parecerá abominable. Y a lo mejor les sabe a la peor película del mundo, quizá, identificarla por el color de Sidibe con el bloqueo Barack Obama sobre Cuba, y Spike Lee recargado bailando calato en la Plaza Mayor; el arte, si representa al país, a buena hora; cuando no, y lo hace de su espíritu -mas no de su bandera-, es algo más cautivador. El arte es el buen mentir. La única mentira linda que se vuelve verdad en su éxtasis. “Precious” vale un trofeo “La Teta Asustada”, próximamente nuestro premio Óscar peruanizado. (Para entender a Fausta, la toma abierta, amplia, limpia, es decir, desolada; para sentir el panorama hostil y a la vez solitario que ejerce su personaje redondo. De esos que sabemos que son verosímiles, lo vemos en cada esquina del barrio. La vi en el cine, desconectado de todo estrés emotivo, el revés de la inteligencia emocional. Para leer poemas, uno tiene que estar abierto, bro).
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